Ella se miraba al espejo y pensaba «ojalá estuviese más delgada, tuviese otro pelo, otra nariz, otras piernas...»
Ella cada vez que salía a la calle miraba hacia el suelo.
Ella no era capaz de hablarle a alguien a la cara.
Ella se maquillaba para gustarse a sí misma.
Ella no salía apenas, se encerraba en su habitación junto con su libro para evadirse del mundo.
Pero dijo basta.
Ahora, se mira al espejo y no piensa en todo lo que quiere cambiar.
Ahora, sale a la calle con la cabeza en alto.
Ahora, puede hablarle a cualquiera a la cara.
Ahora, no le hace falta el maquillaje para gustarse.
Ahora, sale cada fin de semana.
Ahora, le da igual lo que piensen los demás de ella.
Ahora, se quiere.
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